Área Profesional

Gestión emocional para comunicar malas noticias

Estrenada en 2015, Inside Out es una película de Pixar que consiguió el Oscar a la Mejor Película de Animación, con una gran aclamación tanto en el público como en la crítica. El filme empezó a desarrollarse en 2009 después de que su director, Pete Docter empezará a ver cambios en la personalidad de su hija. Para el guion consultó a numerosos psicólogos y neurólogos, entre los que destaca Dacher Keltner de la Universidad de California en Berkeley, quien le ayudó a revisar la historia y enfatizar en el texto que las emociones humanas se reflejan en las relaciones interpersonales. En la película, la protagonista, Riley, experimenta todo tipo de sentimientos incluida la tristeza, y tiene que aprender a convivir con ellos. Inside Out es el reflejo de un cambio social y educacional, en el que la gestión emocional se convierte en un elemento clave para obtener sociedades más empáticas y con un mayor grado de comunicación.

Mémora, en su compromiso con la sociedad, hace pedagogía en todo tipo de temas de salud con sus talleres. En sus Espacios de Apoyo ha organizado charlas sobre la gestión de las propias emociones por parte de los profesionales que han de dar malas noticias. El conferenciante de estas charlas es Toni Bardera, profesor de comunicación y habilidades sociales, especializado en formación laboral del ámbito asistencial y sanitario. “La formación emocional es imprescindible para los profesionales de la salud. No solo tienen que aprender a dar malas noticias, sino que han de preocuparse de ellos mismos, para poder seguir una buena estrategia. Cuando un profesional no tiene una buena comunicación, no es porque le cueste gestionar las emociones del paciente, sino las propias”, afirma Bardera.

Contar con una buena educación emocional es sinónimo de tranquilidad vital. No es posible aprender a hablar al otro si no conversamos primero con nosotros mismos. Según Bardera, “es habitual que haya casos de profesionales que sienten un gran malestar al comunicar una defunción a la familia o un proceso terminal al paciente. Pero ese sentimiento no significa que sea un mal profesional ni que lo esté haciendo mal, simplemente es una persona empática, delante de un ser humano, y en ese proceso asertivo, se siente a disgusto al dar la noticia y quiere que el tiempo pase rápido”.

RESPONSABILIDAD. La charla de Toni Bardera trata de explorar los entresijos de las emociones humanas mediante técnicas de control. Esta formación en profesionales de la salud es importante, porque tienen una gran responsabilidad social. “Mi objetivo con el curso es que sean conscientes de que no hay herramientas de autoanálisis perfectas en un organismo tan imperfecto como el nuestro. Por lo tanto, las emociones no siempre son orientativas para saber si se está haciendo bien o mal. Se puede comunicar bien y estar incómodo, y se puede comunicar mal y sentirse bien”, expresa Bardera. Una vez se consigue un buen dominio de las emociones propias es más sencillo adaptarse a las necesidades del otro.

Eso sí, nunca será lo mismo decirle a un paciente que entra en un proceso terminal, que explicar a una persona el motivo por el cual su ser querido ha entrado en urgencias. “Los familiares necesitan que se les explique todo el proceso. Quieren saber todos los detalles para ponerse al día y es importante contestar a sus preguntas. Por su parte, el paciente necesita la información clarificada y será él quien decida hasta dónde quiere escuchar, a pesar de que la familia no esté de acuerdo”, opina el experto.

EDUCACIÓN. Muchos profesionales han tenido que buscarse fórmulas y estrategias propias para afrontar la comunicación de malas noticias en el ámbito de la salud. Una falta de recursos educativos que puede generar que se arrastre el problema en el tiempo. “Si no se tratan las emociones, no te acostumbrarás nunca al estrés de comunicar malas noticias. Aunque hay profesionales que se impermeabilizan, otros, cuanto más tiempo llevan, peor lo pasan, sufriendo un proceso de hiperreacción, por falta de herramientas”, cuenta Bardera, quien cree que si se trabajasen lo suficiente las emociones no existirían tantos formadores en la materia. Un problema que se puede solucionar de raíz. La educación es clave: “Estas carencias son fruto de la poca presencia de la educación emocional, no solo en las facultades, también en las escuelas. Tenemos que dar recursos de gestión emocional a las generaciones actuales”, concluye Bardera.