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La importancia de acompañar en el tramo final de la vida

La llegada de la muerte suele tener lugar en instituciones, en presencia de profesionales, familiares y amigos. La gravedad de la situación conlleva todo tipo de dilemas sociales, emocionales, espirituales, médicos y familiares que hay que encauzar. Por este motivo, el papel del acompañamiento erige en la mejor ayuda para llegar al final de la vida con dignidad.

Es interesante analizar el tráfico desde la dialéctica entre problema y realidad. Por ejemplo, en la Edad Media se hablaba sin estigmas del arte de morir y del que murió significaba en cuestiones tan importantes como recursos, conflictos, tratamientos, dignidad o valores. Fue en Occidente, siglos más tarde, cuando se deja de hablar de la muerte y de todo lo que la rodea debido al devastador efecto que tuvo la segunda guerra mundial; un silencio que aún hoy perdura. La muerte se mantiene como un tabú social que llega hasta la medicina científica: la dama de la guadaña es el principal enemigo contra el que hay que luchar.

CONFLICTO. Ver el final como un problema lleva al paciente a querer morir de una determinada manera: desconectado de la vida cotidiana, y con dificultad a la hora tomar importantes decisiones. Por ello es necesario detectar las dificultades que se producen en el final de la vida a la hora de acompañar el proceso, como la falta de implicación, la no mediación en conflictos familiares, la inexistencia de recursos en la atención y la cuidado, el agotamiento del cuidador, la necesidad de un apoyo comunitario, la falta de información y la inexistencia de un plan de cuidados.

No se puede olvidar el elevado nivel de situaciones de dependencia de algunos casos y la dificultad que conllevan; es entonces cuando se hace más importante hacer hincapié en la necesidad de apoyo de la familia y los cuidadores, la búsqueda de recursos de apoyo temporal, así como tener en cuenta la posible pérdida de capacidad para tomar decisiones.

SOLUCIONES. Para intentar evitar estas disfuncionalidades, el trabajo social tiene el papel de atender las necesidades sociofamiliares desencadenadas o agravadas por la situación de enfermedad grave o terminal. Por este motivo es importante apoyar la reorganización de la unidad familiar, optimizar las potencialidades de los miembros de la familia, mediar en conflictos familiares y ante dificultades derivadas de la toma de decisiones, intervenir ante problemas de comunicación familia-enfermo, asesorar en el uso de la información con menores o personas que presentan especial dificultad e intervenir precozmente ante situaciones de posible riesgo de claudicación de los cuidadores.

También es importante tener en cuenta el papel de las fundaciones tutelares cuando no hay apoyo familiar; en este caso, el trabajo debe centrarse en el establecimiento de protocolos específicos que tendrían en cuenta un procedimiento de urgencia social o sanitaria donde quede determinado quien acompaña y quien representa. Además, es necesario utilizar servicios tan integrales como sea posible e impulsar programas de voluntariado centrados en modelos de relaciones personalizadas.

Para establecer un plan de cuidados que atienda las necesidades sociales es importante huir del modelo paternalista: una buena manera sería manteniendo una buena comunicación con la persona, que se respete la confidencialidad, que no estigmatice y que se garantice su dignidad. Se deben tener en cuenta las múltiples necesidades físicas, de confort, neuropsiquiátricas, de comunicación, así como sus preferencias, valores, creencias, voluntades anticipadas, los criterios de actuación específicos de cada caso y la periodicidad de revisión de los aspectos recogidos en el plan.

En la última década ha cogido un gran protagonismo la metodología de intervención social y sanitaria que pone a la persona en el centro de la intervención. Esto supone convertir una atención tradicional basada en encauzar todo el esfuerzo a vencer la enfermedad y curar la persona, en otro tipo de atención que incorpora cuestiones como la atención a la necesidad de confort físico, el apoyo emocional, un acceso a la información sencillo y comprensible, fomentar la autonomía de la persona en la toma de decisiones y respetar sus valores, cultura y preferencias. En resumen, se podría decir que la persona pueda llegar al final de su vida de su manera, sin coacciones. En este escenario adquiere más importancia el papel que juegan en todo este proceso los profesionales en un acompañamiento social, ético, respetuoso, para procurar así el apoyo necesario, con la participación de la persona como eje de la intervención en un entorno acogedor.

CONCLUSIÓN. Llevar a cabo una intervención completa teniendo en cuenta todos los ámbitos de la intervención social es clave para superar las dificultades y los problemas que se dan en ámbitos como el socio o el espiritual. Permite centrar la importancia de la participación de la persona, la comunicación y el apoyo respecto a ella, tener en cuenta su contexto familiar y social y trabajar en coordinación con otros profesionales de diferentes áreas que tengan relación con el sujeto en este momento.

El acompañamiento social de los profesionales como base metodológica consiste fundamentalmente en un saber estar junto a la persona como punto de partida y como eje de la intervención en las tres partes del proceso: antes-durante-después. Todo ello sin perder de vista la persona, la familia, el grupo de gente próxima y el contexto comunitario en general.

Una visión social que pone de relieve el valor del profesional de referencia del caso, quien tiene el deber de acompañar en el proceso y continuar su labor con la familia o amigos después de la muerte, como por ejemplo en la coordinación con el tanatorio , la mediación en posibles conflictos que puedan surgir, y el apoyo en la despedida y la superación del duelo.

Ana Lima, Presidenta del Consejo General del Trabajo Social. 

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