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La aceptación de la muerte en la religión budista

Son muchos los famosos que se han rendido al poder del budismo: Leonard Cohen llegó a decir que “la meditación zen fue endulzando mi día a día hasta límites insospechados. De pronto, la vida tenía sentido por sí misma”. Además de la filosofía, en Occidente han conseguido calar sus festividades, siendo febrero el mes que se celebra el Losar, la festividad que da la bienvenida al año nuevo según países como Tíbet, Nepal y Bután. La Asociación Unesco para el Diálogo Interreligioso (Audir) ofrece una guía sobre celebraciones funerarias religiosas, en la que ha participado la Federación de Comunidades Budistas de España.

En la corriente Vajrayana, el lama es la persona que tiene el criterio para guiar cómo será la celebración. Se recomienda que haya poca gente y que velen el cadáver en una habitación contigua en la que se ha de practicar la meditación aquellos que la dominen, mientras los que no, deberán mantener una actitud lo más serena posible. Durante la oración se deben mantener tres aspectos: la aspiración (el deseo de que todos puedan llegar a liberarse del sufrimiento); el recuerdo (la rememoración de acciones y palabras bellas del fallecido), y la dedicación (reivindicar una actitud positiva hacia la vida). La celebración está acompañada de oraciones y plegarias relacionadas con alguna deidad como Amitabha. El velatorio es clave para ayudar al difunto a saber que ha fallecido y facilitar unas condiciones favorables para la siguiente reencarnación.

En el budismo zen se suceden distintas ceremonias desde que acontece la muerte: de cuerpo presente, antes de la incineración, de despedida, para la colocación de las cenizas, privada diaria durante la primera semana, privada semanal durante los siguientes 49 días, de despedida final a los 49 días, anual durante los siete siguientes años y, finalmente, cada siete años. La ceremonia más importante es la de despedida: se prepara un altar con una imagen del buda Shakyamuni o el buda Amitabha, con tres clases de ofrendas y un retrato del difunto en el centro. Acuden familiares e invitados y se empieza ofreciendo incienso. El monje oficiante y sus ayudantes recitan oraciones y ofrecen méritos a los maestros zen del pasado. Se da la palabra a los asistentes para que expresen sus sentimientos y, al final, se recita el Sutra del Corazón dedicando los méritos al difunto, familiares y participantes.

La oración de despedida

  • Amitabha: Hace referencia al texto que el ofi ciante ha de recitar en un funeral recurriendo a los mantras cortos como OM AMI DE UAH HRI / OM PEMA DHARI HUNG y la sílaba raíz: HRI.
  • Los cuatro pensamientos inconmensurables: Es la oración que deben hacer durante el Shiné –calma mental- los que no conocen el Amitabha. La plegaria empieza así: “Puedan todos los seres poseer la felicidad y las causas de la felicidad”. 
  • ‘Sutra’ o ‘daranis’ : Son los textos sagrados recitados por los monjes. No se suelen leer, aunque cada rito funerario puede variar.