Área Profesional

Crear una pedagogía del suicidio

Vale la pena hablar del suicidio porque, si no, cerramos nuestra mirada a un hecho mucho más frecuente de lo que nos pensamos”, afirma Cecília Borràs, presidenta de DSAS, asociación nacida en 2012 a raíz de que Cecília perdiese a su hijo Miquel por suicidio.

Después de buscar dónde explicar su historia, se encontró que, de las más de 500 asociaciones de Barcelona, no había ninguna para supervivientes, para personas que han vivido la muerte por suicidio de un ser querido. Así, con el apoyo de la doctora Carmen Tejedor, del Hospital de Sant Pau, fundó la organización con el objetivo de visibilizar un problema que afecta a gran parte de la población: “Ya el mismo nombre de la asociación tiene como fin que las personas pronuncien la palabra suicidio. Para nada sirve la ocultación”.

Después de tres años, desde el DSAS continúan trabajando por hacer visibles a los supervivientes y evitar que el suicidio siga siendo un tabú: “En este tiempo hemos conseguido atender a más de 700 personas, supervivientes; no paramos de recibir llamadas y e-mails de agradecimiento de personas que no tenían a dónde acudir a explicar su historia”, destaca Borràs.

TALLERES DE FORMACIÓN.“Realizamos talleres periódicamente en los que tratamos el suicidio y cómo podemos vivir sus consecuencias”, relata Cecília Borràs. Son talleres abiertos al público en los que coinciden tanto supervivientes como personal sanitario y educativo, además de cualquier ciudadano interesado: “Llegamos a un grupo muy heterogéneo de personas que tienen voluntad por conocer cómo hacer frente a las consecuencias de vivir la muerte por un suicidio. En el taller los participantes comparten sus experiencias y aquellos que acuden por primera vez pueden hacer las preguntas que deseen”.

Este ha sido el segundo año del taller, que se realiza en el Espacio de Apoyo de Nou Barris de Serveis Funeraris de Barcelona-Grupo Mémora tres veces al año y en el que toman parte unos 20 participantes durante una hora. Para la presidenta de DSAS ha sido una experiencia muy positiva: “Al estar abierto a todo tipo de públicos, realmente te das cuenta de los prejuicios que hay en torno al tema; pero el taller sirve para romperlos”.

SANAR CON PALABRAS. El suicidio ha sido un tema recurrente en la historia de la literatura y el cine; sin embargo, habitualmente, se ha proyectado una imagen cercana al ideal romántico en el que quitarse la vida significa liberación; interpretación que para el DSAS dista mucho de la realidad: “Cuando se trata el tema en las artes no se hace de la forma más adecuada. En especial, cuando se representa la imagen de la persona escribiendo su carta de despedida de forma lúcida. Eso es falso, porque atañe a una minoría: tan solo entre un 10% y un 15% de las victimas dejan un mensaje de adiós”. Lejos de la búsqueda de la libertad, las personas que toman esta trágica decisión lo hacen tras haber llegado a una situación límite y no encontrar consuelo en su entorno. Rompiendo con los tópicos: son personas normales que no se corresponden el imaginario colectivo de seres ajenos a la sociedad: “Todavía se les considera como personas marginales, al límite de la vida, con mucha desestructuración, y no es cierto”, apunta Borràs.

Este hecho hace que habitualmente en las conversaciones cotidianas se quite importancia a frases que pueden corresponder a personas que puedan estar planteándose el suicidio: “Hay que hacer pedagogía sobre el riesgo de suicidio. Ese pensamiento, de que quien lo hace no lo dice, es falso. Frases como: ‘Estoy harto de esta vida, es mejor estar muerto’ no son una tontería, sino que hay algo detrás... y se debe luchar contra ello acompañando a estas personas, acercándose a ellas y escuchándolas”, señala la presidenta del DSAS.

PREVENIR. Lejos de los caros tratamientos que puedan tener otras enfermedades, el suicidio se puede combatir de la forma más elemental. Y apunta Borràs: “Su prevención es posible gracias a una herramienta sencilla, barata y en mano de todos: la palabra”. La asociación aboga por iniciativas como el taller para abrir una vía pedagógica sobre una problemática abandonada por los medios: “En mi opinión, tendría que haber campañas sobre el suicidio al nivel de las del cáncer o el sida”.

La asociación continuará luchando por una causa silenciada, pero que concierne a todos. Cecília desea “que iniciativas como la nuestra surjan en otros lugares de España porque nosotros no llegamos a todos los sitios”. De momento, el próximo taller del DSAS ya está en preparación y se espera para el próximo mes de octubre.

Datos preocupantes

La Organización Mundial de la Salud (OMS) considera el suicidio un asunto público: según datos de la organización, cada 40 segundos alguien se quita la vida en el mundo. Cada año se suicidan casi un millón de personas, lo que supone una tasa de mortalidad global de 16 por 100.000, o una muerte cada 40 segundos. En los últimos 45 años las tasas de suicidio han aumentado mundialmente en un 60%. El suicidio es una de las tres primeras causas de defunción entre las personas de 15 a 44 años en algunos países. Se estima que, a nivel mundial, el suicidio supuso el 1,8% de la carga global de mortalidad en 1998, y que en 2020 representará el 2,4% en los países con economías de mercado y en los antiguos países socialistas. Aunque tradicionalmente las mayores tasas de suicidio se han registrado entre los varones de edad avanzada, las tasas entre los jóvenes han ido en aumento hasta el punto de que ahora estos son el grupo de mayor riesgo en un tercio de los países.

Tal y como apunta Cecília Borràs, “el peligro de padecer un trastorno mental se está elevando, y este es uno de los factores de riesgo”. La falta de vida en comunidad, acompañada por la competitividad de la sociedad, genera que en ocasiones no se pueda prevenir la tragedia. En el mundo actual, el progreso tecnológico se ha visto acompañado de un exacerbado individualismo; esto ha causado que cada vez más personas se vean desamparadas.

Ficheros adjuntos: