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¿Cómo convivir con la ausencia de un ser querido en Navidad?

24/12/2015

Con la celebración de la Navidad, se está festejando también la vida: el cambio de año, los reencuentros familiares, los regalos, la iluminación; en definitiva, ante la oscuridad del frío invierno, luz y calor para constatar la importancia de sentirse vivo. Son fechas en las que las emociones se intensifican, y el recuerdo obliga a echar una mirada al pasado para revivir aquel añorado tiempo ya extinguido. De este modo, como nadie termina de morir del todo, en Navidad, los ausentes se hacen más presentes. La celebración de estas fechas puede ser especialmente delicada cuando la desaparición de un ser querido ha sido reciente. Es difícil en la sociedad occidental evadirse de este tipo de celebraciones. Grupo Mémora, a través de su psicóloga en los grupos de duelo, Lola Cabrera, y el enfermero y director de desarrollo corporativo de la compañía, Josep París, hablan sobre cómo afrontar estas fechas tan señaladas en las que la libertad individual ha de estar por encima de todo.

EMOCIONES. El duelo suele quedar en un segundo plano para la filosofía materialista que subyace al primer mundo. El doliente ha de recuperarse rápido y volver a ser el que solía ser antes de la pérdida. Y no son solo los demás los que le fuerzan, sino que él mismo, rápidamente, trata de superar el dolor antes de tiempo para no sentirse un extraño entre el resto. La Navidad es el ejemplo perfecto de fecha en la que las personas suelen sentirse con la obligación de celebrar pese a no tener nada que festejar: “Cuando alguien ha perdido un ser querido, la llegada de fechas especiales supone una intensificación del dolor, sobre todo en el primer año. Antes de que lleguen estas fechas, el afectado ya se ha estado preguntando cómo afrontar el dolor de los días que vienen; si se convertirá en una carga para el resto; e incluso, si arruinará la celebración de los demás”, afirma Lola Cabrera. El ser humano trata de adaptarse al medio en el que se encuentra. En este sentido hablaba Hans Castorp en la novela de Thomas Mann La Montaña Mágica: “El ser humano es capaz de acostumbrarse a no acostumbrarse”.

Esta constante readaptación posibilita que las personas en duelo sean capaces de resistir al inmenso dolor que les invade por el recuerdo de la persona ausente: “Son muchos los que tratan de ponerse una coraza y hacer un sobreesfuerzo para mirar de disimular lo que sienten, y de este modo, seguir las recomendaciones de esos familiares que esperan que vuelvan a ser los mismos de siempre”, confirma Lola Cabrera, aunque advierte: “Sin embargo, esto les genera una gran tensión, angustia y cansancio”. Para evitar caer en el abismo del recuerdo, la persona tiene que hacer aquello que siente que le va ayudar más en su propio duelo: “La respuesta está en los sentimientos de cada persona.

Hay quien optará por la huida e irse de viaje lejos de las mesas familiares, otros por incorporarse a las tradiciones de siempre o por buscar la mano de los amigos y de los más allegados”, explica Josep París, y en la misma línea, Lola Cabrera añade que la superación será una ardua tarea: “Algunas personas desearían borrar del calendario la Navidad; cerrar los ojos y que de golpe hayan pasado las fiestas. Hay muchas reacciones diferentes pero es difícil evadirse. Las luces de la calle, los escaparates, e incluso los medios de comunicación nos recuerdan que son días especiales”.

LIBERTAD. La estabilidad y el bienestar de las personas que han perdido a un ser querido se erige en una cuestión prioritaria. Afrontar la Navidad siguiendo las decisiones propias es la mejor forma de honrar a la persona ausente. Los difuntos desearían que los suyos vivieran unas fechas tan señaladas de la mejor forma posible. Tal y como apunta Josep París, se debe hacer todo lo que se sienta: “Lo importante es decidir según los sentimientos de cada uno y sobre todo no juzgar a nadie por sus decisiones. Si una vez en la mesa se tienen ganas de recordar a la persona, o por el contrario, se quiere llorar, no se deben de privar las emociones”. Esta libertad de decisión, no debe ir exenta de comunicación. 

La persona que está experimentando un duelo no debe reprimirse, y si explica la situación que está atravesando, la comprensión de los suyos hará que todo sea más sencillo: “Es recomendable hablar abiertamente con los familiares más cercanos antes de la planificación y organización de estas fechas. Hacerles entender qué es lo que la persona que se encuentra en duelo necesita, qué le angustia, cuáles son sus temores. Encontrar juntos la mejor manera de pasar las fiestas, e incluso, si se quiere, buscar una manera simbólica de recordar a la persona querida: poniendo una vela, haciendo un brindis...”.