Área Profesional

Portada

  • Encontrar las palabras y silencios oportunos

    Cada ser humano es único. Cuando llega la enfermedad sufre más la persona que el cuerpo. Se ha de eliminar el tabú de la muerte y ayudar a los pacientes a que puedan morir bien. A veces, no se necesitan palabras, tan solo estar.

    Cuando alguien ha sido profesor en la universidad, en un instituto o en una escuela durante muchos años; o cuando ha sido médico, enfermero, psicólogo, etcétera, llega un momento en el que se te acerca una persona desconocida que te dice que le ayudaste y que no lo olvidará nunca. Uno se queda muy sorprendido porque no recuerda la persona ni el caso. Pero, ciertamente, por lo que dice esa persona espontánea, nuestras palabras, en su día, fueron oportunas y precisas. Me gustaría reflexionar sobre cómo se puede ayudar acertando con las palabras adecuadas en el momento que se necesita.

    Cuando nos dirigimos a una audiencia solemos decir muchas cosas, pero igual que en la parábola del evangelio, muchas veces caerán en tierra de piedras sin fructificar. No sabemos por qué unas sí que funcionan y otras no. Cada ser humano es único y acertar en la necesidad precisa es difícil. Aunque siempre se debe intentar.

    En la vida hay dos tipos de conocimiento: el explícito y el tácito. Lo explícito es transmisible, mientras que el tácito es aquello que adquirimos sin darnos cuenta. Así bien, tenemos tres metodologías para entender el mundo. El método científico basado en la simplificación y la comparación que nos permite aumentar el conocimiento. Tenemos el método clínico con el que podemos aplicar lo aprendido en una persona en concreto. Pero estos métodos, llega un momento, que no sirven de nada. Una pérdida, por ejemplo, tan solo podemos enfrentarla con el método poético, el cual nos ayuda a combatir la complejidad. Cuando estamos felices, el tiempo pasa volando. Cuando esperamos, el tiempo se hace eterno y ahí llega el sufrimiento.

    CUIDAR. En el año 2000, el bioético Daniel Callahan, publicó en el New England Journal of Medicine un trabajo que me cambió la vida. Nos decía que es tan importante curar como ayudar a morir bien. No siempre se puede curar y durante siglos la medicina siempre se ha basado en ello. Pero envejecemos y morimos. En los últimos tiempos estoy sordo, puedo hablar pero cada vez escucho menos y siento que envejezco. Lo acepto. Es importante que estemos preparados y aceptemos nuestras limitaciones. Hay que aprender a morir porque solo lo hacemos una vez y hay que hacerlo bien. El problema es que la gente no quiere morir y hay que integrar la muerte, naturalizarla y eliminar su tabú. Los profesionales de la salud solo pueden alargar la muerte. No salvan vidas. Y si llegase el día de que se pudiera, mucha gente elegiría morir como en el cuento El Aleph de Jorge Luis Borges en el que un hombre tras encontrar la fuente de la eterna juventud, tras ver desaparecer todas las personas de su vida, años más tarde emprende la búsqueda de la fuente que le proporcione la muerte.

    ¿Cómo ayudar a las personas en el final de vida? Eric Cassell decía que había que acertar con las palabras y los silencios: “Suponed que entráis en un lugar donde se está muriendo alguien. ¿Qué hay que hacer? No os angustiéis, lo que tenéis que hacer es estar y estar en silencio”. Por otra parte, hay experiencias de la psicología que están ayudando a pacientes terminales a morir. Los memory books permiten a los enfermos dejar a sus seres queridos la historia de su vida. Este experimento fue pionero en África en los años 80. Hubo países que perdieron una cuarta parte de la población por sida. Muchos de ellos eran padres y como sabían que no podrían educar a sus hijos, se les dio una libreta para que apuntasen lo que querían que sus hijos conocieran cuando fueran mayores. Dejaron un testimonio a sus hijos. Carme Alonso es una oncóloga excepcional que se ha jubilado hace poco. En el 82 nos descubrió un artículo que se llamaba Sufrimiento y objetivos de la medicina. Hace poco nos encontramos y hablamos de lo vigente que continúa. En él se dice que los que sufren no son los cuerpos sino las personas. ¿Y qué es una persona? La persona es un viaje. Una biografía. Un ser cambiante a cada momento. No hay dos viajes iguales. Cada persona y cada enfermo es esencial.

    Arnauld Relman fue editor del New England Journal of Medicine. Con más de 90 años se cayó en su casa y estuvo a punto de romperse el cuello. Al volver a casa decidió escribir una carta al New York Times en la que decía que los médicos pasan más tiempo mirando el ordenador que al lado del enfermo y que si no fuese por las enfermeras lo hubiese pasado fatal.

    SILENCIO. Siempre recordaré una chica desconocida que me pidió ayuda para su trabajo de investigación de bachillerato. Tenía 16 años. Su trabajo trataba del silencio. Me parecía una tesis doctoral inmensa porque se puede hablar de muchas formas. Pero lo hizo y me lo envió. El trabajo era sencillo pero el tema es extraordinario y vale la pena profundizar. Los silencios deseados son tan importantes como los no deseados. Es sorprendente la cantidad de personas que mueren solas sin poder decir nada. Esto nunca debería suceder. Tengo amigos que hemos descubierto que han muerto así, en soledad, y deberíamos evitarlo.

    Para terminar, quisiera compartir la reflexión de uno de los mayores intelectuales de nuestra época. John Berger, quien falleció este mismo año, y escribió el libro Rondó para Beverly dedicado a su mujer fallecida. En él dice algo muy importante: “Miramos atrás y tenemos la sensación de que estás con nosotros. Que estás presente. Es absurdo porque estás más allá del tiempo donde no existe ni el antes ni el después ni delante ni detrás. Y pese a todo estás con nosotros”.

    Ramon Bayés | Catedrático en Psicología. En 1995 se le concedió el Premio Pablo V. En 2015 fue nombrado Académico Numerario por la Academia de Psicología de España.